‘Veinte motivos para contar con un asesor de comunicación y una petición desesperada’

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Me plantea un experto economista, amigo con el que colaboro profesionalmente, un reto que hasta hoy nadie me había puesto por delante, como un capote al que embestir por el cinqueño en el que me he convertido, consistente en escribir un artículo que cuente lo que yo hago, a lo que me dedico. Recojo el guante y le doy cuerda a la pluma 3.0 para dar forma a algo fácil de definir, pero difícil de describir; así que tomando prestada la esencia del poemario del inmortal poeta chileno, lo haré como veinte motivos y una petición desesperada. Después de años vendiendo reportajes y titulares; bienes y servicios; cachivaches y mil cosas a cambio de precio, recompensa o promesa, ahora me vendo yo, que presumo de valor y no de coste. A ver cómo resulta y que Neruda me coja confesado.

Comunico, que no es poco, es el primer motivo que alego, modus vivendi y razón de ser lo que soy, alguien capaz de transmitir el mensaje idóneo por el canal adecuado para que llegue a la persona que lo espera consciente o inconscientemente de la manera más clara, efectiva y veraz.

Empatizo con aquellos a los que dirijo mis palabras, pensamientos, palabras y omisiones, porque sí, también sé comunicar por omisión del mensaje.

Me adapto a las modas y circunstancias que me rodean como modo de supervivencia comunicativa. Valga otro símil del riquísimo lenguaje de la tauromaquia para expresar esta adaptación, y es que escribo, declamo, o recito a los cuatro vientos lo que mejor venga en cada momento, de derechazo y pie adelantado o con naturales. Asimismo, solvento cualquier tipo crisis de reputación de las marcas a representar, capeo los temporales con largas cambiadas, chicuelinas o medias verónicas, siempre para salir por la puerta grande de la satisfacción del cliente y el público objetivo.

Liderazgo. Hago piña y siempre intento sacar lo mejor de mí mismo y trato de hacerlo de quienes me rodean si de equipos se trata, pues he estado en todo tipo de trincheras de la comunicación, desde treinta y tantos compañeros en algún periódico a mi soledad actual de freelance, pasando por comandos de dos o tres para trabajos concretos a la pieza.

Soluciono problemas”. Es una frase célebre de la genial película dirigida por el no menos célebre Quentin Tarantino, Pulp Fiction, y pronunciada por Winston Lobo, personaje interpretado por Harvey Keitel y que en ocasiones, parafraseo. Como también aprendí del músico Andrés Calamaro que “no importa el problema, importa la solución”.

Soy creativo, a veces en exceso, y ahora me apoyo en Rubén Darío para explicarlo: “Creatividad divino tesoro, hay días que te vas para no volver, es entonces cuando te añoro y a veces por tenerte mucho, me enorgullezco sin querer”. Saco de dónde no hay, raciono si ha de durar y exprimo el filón si se me desbordan las entendederas.

Fe. Creo en lo que hago y tengo la certeza de que la comunicación debe formar parte del núcleo duro de las decisiones empresariales, hoy más que ayer, pero mucho menos que mañana. Y cojo el toro por los cuernos.

Diálogo. Defiendo a ultranza las tormentas de ideas, las discrepancias razonadas y el buen fin de todo proyecto, conversación u objetivo.

Asertividad. Soy claro, genuino y directo, digo lo que hay que decir, sin herir los sentimientos de nadie (al menos de manera intencionada), ni menospreciar su valía, precisamente por la empatía que antes comentaba.

Respeto. En el fondo y en las formas soy un acérrimo partidario de la buena educación y los modales, tanto en el devenir de la vida cotidiana, como entre líneas, artes gráficas, fotografía o diseño. Presumo de lucir moralmente la elegancia y lo demuestro a mi pesar. No creo en el ‘vale todo’, en la ‘barra libre’ o en el ‘sí a mi libertad, pero no a la tuya”.

Aprendo. Moriré con las botas puestas de un alumno eterno, porque soy quien prefiere abrir los oídos cuando toca y al mismo tiempo sellar los labios. No importa edad, titulación, oficio o don de quien se trate, siempre habrá quien me enseñará y enriquecerá.

Aprehendo. Mi mochila cargada inicialmente de Comunicación, debido a la adaptación a los medios digitales, nuevas tecnologías, las redes sociales y el 3.0, ha ido llenándose de Community Management, Publicidad o Marketing, on y off line.

Coordinación. Precisamente para poner en práctica las materias de las que la comunicación se acompaña, me coordino a la perfección con los departamentos que fueran necesarios para alcanzar los resultados deseados. No es posible pensar hoy día en comunicación obviando las redes y medios sociales, el marketing multiplataforma o técnicas de publicidad que ayuden en todo aquello.

Polifacético. Heredada de mi experiencia en el periodismo de redacción ejercido durante tres lustros y mi capacidad de adaptación, dispongo de múltiples aptitudes que abarcan desde el periodismo de entrevistas, reportajes, editoriales o columnas de opinión a las labores propias de un gabinete de Comunicación, con la elaboración de notas de prensa y monitorización de la competencia del sector del que se trate.

Decisión. Ante la duda, prefiero errar que no intentarlo. Sé que el penalti solo lo puede fallar quien lo tira, así que si hay nerviosismo o incertidumbre, asumo el riesgo, pero no de modo egoísta de delantero chupón, pues estoy acostumbrado a compartir la gloria, lamer las heridas en equipo y dar puñaladas a las penas solidariamente.

Versatilidad. Sea para comunicación interna o externa, me remango y abordo enérgicamente la tarea de la que se trate. La negociación que empleo pretendo que sea lo más flexible, certera y concisa para conseguir el mayor feedback posible en cada momento con cada persona.

Arquitecto del lenguaje. Procuro construir puentes con palabras para acercar a las personas antes que levantar muros que las alejen. Siempre, para siempre.

Ignorando si he enumerado veinte motivos para contar con un asesor de comunicación como yo, aquí llega mi petición (no tan desesperada): cuenten con uno como yo en su empresa. O mejor, llámenme a mí, cuenten conmigo, pues a pesar de estar versado en los principales sistemas operativos, diez paquetes de software de oficina, cien programas de diverso uso comunicativo, mil aplicaciones móviles que se abrevian tan fácil como la mitad de Apple, sigo prefiriendo el 5 Jotas un millón de veces antes que el 5G.

Tres  llaves tengo: una para quien quiera escribir al contactar; otra para quien prefiera la voz para comunicar: la llave tercera la tiene el que quiera pasar sin llamar (al pie del adjunto):

Veinte motivos para contar con un asesor de comunicación y una petición desesperada

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