Una bolsa mutante, por Robert Tornabell

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Sólo permanece lo que cambia, y las empresas que no se anticipen al futuro quedarán rezagadas. Muchas han encontrado el camino del cambio. En el Ibex 35, Cellnex se convirtió en pionera de los sistemas 5G para telecomunicaciones y ganó el mercado francés. En Suecia, Ericsson hizo lo mismo. Nokia salió de la quiebra con el disputado 5G, que hasta entonces dominaba el gigante Huawei.

Telefónica entra en el negocio bancario ofreciendo préstamos, y Repsol se diversifica hacia los suministros de electricidad. En la Gran Recesión, la mayoría de las inmobiliarias españolas desaparecieron de la bolsa. En pocos meses, las socimis (sociedades de inversión inmobiliaria que cotizan en bolsa) dominan el mercado alternativo bursátil, gracias a las ventajas fiscales y la facilidad con que pueden crearse. Basta con un capital razonable, dedicarse al negocio inmobiliario en un 80%, desde el alquiler de oficinas, viviendas y locales comerciales, y buenos dividendos. De las 62, algunas son catalanas; Inmobiliaria Colonial en cabeza.

Los bancos se han reconvertido en gestores de patrimonios y compañías de seguros, y en sus cuentas de resultados la contribución del margen de intereses (los cobrados menos los pagados) pierde importancia relativa gracias a su mutación en organizaciones que gestionan el negocio digital y dan confianza a los clientes por su reputación.

Es una mutación global: Apple competirá con Netflix y ofrecerá tarjetas de crédito. Google entra en videojuegos, y Disney compró Fox para hacer frente al negocio del cine. La mayor petrolera de Europa anuncia que en 20 años será la mayor compañía eléctrica europea y venderá gas como energía limpia. Otra que apuesta a favor de un futuro sin contaminación. 

Red Eléctrica Española tenía el dominio de la distribución de la energía eléctrica y las interconexiones internacionales. Ahora entra en el negocio digital con la compra de Hispasat, posiblemente por motivos geoestratégicos. Grifols se convierte en la mayor multinacional farmacéutica catalana, domina el mercado de Estados Unidos y cotiza en el Nasdaq.

Existe otra mutación que causa temores. Se trata de la entrada de fondos de alto riesgo y de los denominados activistas. Pretenden tomar el control de las grandes compañías que cotizan en bolsa y, con participaciones en compañías cotizadas, exigen que la cúpula directiva mejore resultados y pague mejores dividendos. Según Financial Times, con una participación del 1,25% exigieron a una gran compañía de alimentación un cambio de estrategia y que recomprara en bolsa un parte de las acciones para mejorar la rentabilidad de los accionistas. Para concluir, las mutaciones positivas mejoran a la sociedad. Las otras deben sortearse con habilidad, determinación y sentido común.

  • Columna de Opinión del Suplemento Dinero en La Vanguardia escrita por Robert Tornabell, profesor emérito de la URL y exdecano de Esade BS
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