El dividendo ha sido en 2018 una de las pocas buenas noticias para los inversores

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Los dividendos son un elemento central en la toma de decisiones de inversión en Bolsa para muchos agentes económicos. Su incidencia en el rendimiento final de una inversión es, a menudo, muy importante. Pero, además, la distribución o no de dividendos es una de las decisiones de estrategia corporativa más trascendentes de una compañía. Como tal tiene un impacto evidente en la valoración de mercado de las empresas. Un juicio que es objeto frecuente de debates, estudios y teorías que tratan de cuantificar el calado y la recurrencia del efecto del reparto mayor o menor de los beneficios entre los accionistas sobre diferentes variables que miden el desempeño y el valor de los negocios.

Los gestores de las compañías cotizadas en las Bolsas europeas parecen haber tomado partido en el debate claramente a favor de la opción del reparto en lo que va de siglo, especialmente desde el año 2010 y con muchas empresas españolas comprometidas sólidamente con esta opción.

La alternativa de compensar periódicamente al accionista va desde el pago tradicional en efectivo hasta otras formas recientes e innovadoras como es la retribución con acciones (scrip), o la recompra y amortización de acciones por parte de la empresa, más habitual en las Bolsas norteamericanas pero de uso creciente en Europa. Y, enmarcada en el debate académico, se trata de una tendencia ya que durante los años 90 del siglo pasado la moda se orientaba más hacia reducir los dividendos. Retener beneficios permitía abordar las posibilidades de inversión que se presentaban a la empresa. Inversiones destinadas al crecimiento, y como no, a la creación de valor. El accionista realizaría el valor creado y obtendría rentabilidad con la venta de las acciones.

En este punto, la Bolsa española se caracteriza des- de hace años por disponer de un amplio conjunto de empresas cotizadas con altas tasas de rentabilidad por dividendo. Un indudable atractivo de las empresas cotizadas españolas que es muy bien valorado por los inversores extranjeros, propietarios de algo más del 43% de la capitalización de sus acciones. En el último decenio la Bolsa española ha sido líder internacional entre las Bolsas desarrolladas en este capítulo de rentabilidad tan importante para los inversores prácticamente todos los años con un importe promedio del 4% por ejercicio, usando datos mensuales del Bluebook mensual para mercados desarrollados que edita en España MSCI.

Los datos recabados para la Bolsa española demuestran el extraordinario efecto protector que ejercen los dividendos sobre la rentabilidad de una inversión en acciones cotizadas a largo plazo y, además, cumplen con las conclusiones de algunas investigaciones recientes que señalan que las empresas que reparten más dividendos tienden a registrar un mejor comportamiento de sus cotizaciones con una variabilidad menor, independientemente de su tamaño y el sector en el que operen.

También, el dividendo tradicional no solo vuelve a ser relevante en los últimos años, sino que ha pasado incluso a ser exaltado como una alternativa segura de rentabilidad, superior a la de la renta fija en un contexto de acusado descenso de los tipos de interés que aún permanece de alguna manera en Europa. En el caso de España, el rendimiento extra conseguido vía dividendos tiene especial significación si tenemos en cuenta que el correspondiente a los Bonos a 10 años (considerado tipo de interés español sin riesgo de referencia) hace ya cinco años que no alcanza el 2% y en todo ese tiempo solo la rentabilidad por dividendo promedio de la Bolsa ha sido cercana al 4,5%.

Este brillo especial de los dividendos en España, junto con una fiscalidad estable y cambios regulatorios que hacen más previsible y concreta las fechas de los pagos, han favorecido a su vez, en los últimos años, instrumentalizarlos como subyacentes de nuevos productos de inversión (opciones y futuros de gran aceptación) y utilizarlos para caracterizar figuras societarias como las SOCIMI, que están siendo elementos claves en la reactivación del sector inmobiliario tan relevante para nuestra economía.

Respecto a la cuestión fiscal, en el año 2016 entraron en vigor los tipos de tributación establecidos actualmente en el IRPF para la tributación de los dividendos: un 19% para los primeros 6.000 euros, del 21% hasta 50.000 euros y del 23% a partir de 50.000 euros, con una retención general del 19% en el momento del cobro. Con este cambio, y tras un año de transición, se redujo la fiscalidad en 2 puntos frente a los tipos vigentes en 2014 pero se eliminó la exención que existía para los primeros 1.500 euros percibidos.

Con la llegada de 2017 también hubo modificaciones fiscales que afectaron a los dividendos percibidos por los accionistas, pero en este caso solo para aquellos con forma de derechos de suscripción, es decir en las modalidades de scrip dividend (dividendo elección) para los que deciden cobrar en acciones. Desde el 1 de enero de 2017, los derechos de suscripción pasaron a ser considerados ganancias de capital sujetas a retención (1) en el ejercicio en el que se reciban y, por lo tanto, ya no tributan de forma diferida reduciendo el valor de adquisición de los títulos de los que procedían, como ocurría anteriormente.

En materia regulatoria la reforma de la postcontratación en España en los últimos años también ha traído cambios en los procesos de comunicación del pago de dividendos y asignación de derechos para poder cobrarlos respecto a los procedimientos que se siguieron durante años. Ahora, las normas son más armonizadas con Europa y los pagos más predecibles en fecha y cantidad. Esto favorece la gestión de inversiones y los procesos de ajuste de productos subyacentes afectados por los pagos de dividendo. Desde el 3 de octubre de 2016, el derecho de cobro del dividendo no lo poseen todos los propietarios de acciones hasta el día antes de la fecha de pago de dividendo anunciada por la empresa, sino los que poseyeran los títulos al cierre de la sesión de cotización celebrada tres días antes de la mencionada fecha de pago. 

Cifras importantes de retribución al accionista

En 2018 las empresas cotizadas en la Bolsa española han repartido a sus accionistas casi 30.105 millones de euros en dividendos, devolución de aportaciones por primas de emisión y reducción de nominal. Lo que significa que han retribuido un 6,65% más que en 2017, en un ejercicio complejo para la economía y el mundo de la inversión en general. Solo en dividendos, las cotizadas han distribuido a sus accionistas 28.793 millones de euros, cifra que representa el 96% de la retribución total en lo que va de año y que es un 3,41% más en el año.

En lo que va de siglo las cotizadas españolas han retribuido a sus accionistas por todos los conceptos apuntados con 445.213 millones de euros y el grueso principal, un 95%, han sido dividendos por un importe global de 421.642 millones, como puede verse en el gráfico adjunto. Para poner en contexto estas cifras basta con decir que son importes que se sitúan entre el 60 y el 65% del valor actual de mercado de todas las cotizadas españolas presentes en Bolsa en este momento.

Desde el año 2000 en devolución de primas de emisión las compañías cotizadas han utilizado 20.563 millones de euros (1.291 en 2018, de los cuales 1.007 se los ha apuntado una SOCIMI en una operación de diciembre) y en reducciones de nominal con devolución de aportaciones 3.008 millones más (20,62 millones este año).

Entre el año 2000 y el 2005 el importe promedio de dividendos brutos repartidos por las compañías cotizadas entre sus accionistas fue de 10.893 millones de euros. En el año 2006 fue de 21.810 millones y desde entonces hasta hoy ningún año ha sido inferior a 23.000 millones de euros. La estabilidad en el mantenimiento de las políticas de dividendos es un elemento importante a considerar por los inversores cuando planifican la distribución de sus carteras (…).

  • Más información en la publicación Economistas
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